viernes, abril 21, 2006

El diseñador y el ego

Los diseñadores son famosos por su ego. Este es importante en una actividad competitiva en la cual tenemos que desarrollar un trabajo que puede ser, supuestamente, realizado por otra persona de la misma profesión (o en algunos casos por un técnico). El ego no solo nos permite vender una idea, un proyecto nos permite vendernos a nosotros mismos. La sociedad contemporanea ha orillado a un comportamiento sujeto/objeto al que los diseñadores han abrazado con indulgencia. Nos gusta ser los mejores. Eso esta, cuestionablemente, bien y de hecho es en las universidades donde se fomenta este comportamiento.
Desde principios de la carrera empezamos a mostrar indicios de lo que seremos. Claros indicativos son los trabajos que comenzamos a desarrollar: generalmente los más vistosos son los dibujos a lápiz o cualquier otro tipo de ilustración. Y entonces comienza la diferenciación. Nos empezamos a sentir un poco mejores que los demas. Siendo este un engaño porque el dibujo, si bien forma parte de nuestro actuar no es señal de que seremos excelentes diseñadores sino de que tenemos buen ojo y un talento innato.
Al avanzar en la carrera la lucha de egos comienza más fuerte. Los profesores alientan, siempre que pueden, esta competencia. Y el rango de trabajos siempre va desde el más interesante y pensado hasta el más mediocre. El resultado de este actuar es que en los primeros tres semestres abandonan el barco aquellos que no tenían madera para el diseño.
Una y otra vez somos estimulados a mejorar a ser mejores. No está mal. Pero yo creo firmemente en el trabajo de equipo. En lugar de decir este es mejor habría que pensar como nos podemos enriquecer con las ideas de los demas. Esto me recuerda una ocasión en que el compañero más flojo de la carrera entregó un trabajo al final de todos los demás equipos y fue el mejor. ¿Por qué? Porque en este estaba consensuado todas las demás ideas de los demás proyectos.
Entonces salimos al mundo real. Y entonces te topas con el cliente. Tu ego sufre los primeros golpes. ¿Por qué si todos mis maestros me decian que mis trabajos eran buenos este contador me dice que aqui le ponga una rayita?
Este es el punto que me interesa tocar. El equilibrio del ego en el mundo. Yo siempre he sido fiel partidario de la filosofía zen. Su estoicismo me parece tranquilizador. Haríamos bien en leer un poco más sobre la cultura zen del japón. O también el libro "El arte de la guerra" de Sun Tzu. Lo cierto es que alla afuera te topas con todo tipo de personas que tienen todo tipo de posturas frente a nuestro trabajo.
Por ejemplo, el rector de mi alma mater es el encargado de revisar las tesis de todas las licenciaturas (hasta donde yo sabía) lo cual aparte de una clara muestra de soberbia lo es también de una falta de ética profesional y de un egocentrismo ridículo. Está por demás decir que muy pocos optan por realizar la tesis.
Para lograr un equilibrio en el ego es necesario tener suficiente inteligencia emocional. Pero resulta que a ningún diseñador se le ha enseñado esto. Es más a ningun profesional se le enseña esto. Por eso hacemos auténticos berrinches cuando alguien desaprueba nuestro trabajo. Hasta se nos voltea el estómago y se nos sube la sangre a la cabeza.
Tener la suficiente inteligencia emocional para equilibrar nuestro ego es un buen paso. No estoy diciendo que nos pongamos a leer alguno de aquellos libros que circulan por ahí. Sino llegar a situarnos en un punto existencial en el que seamos empáticos. Es decir, entender al otro y su situación y ser frios al analizar la situación para realizar nuestras presentaciones con la debida objetividad. Además siempre he preferido tener una actitud "abierta" hacia las situaciones. No siempre se puede, es cierto, pero es mejor no esperar algo a comenzar pensando "Soy el mejor" "Soy el mejor" y salir con la cola entre las patas porque no le gustó nada al jefe.
Y algo más. Humildad. Mi hermano es un egocéntrico consumado él dice que la humildad es darte cuenta de quien eres y actuar en consecuencia. Él se cree el mejor y por lo tanto actua en consecuencia. Esto llega a ser contraproducente pues en una entrevista que hizo en la nissan en japón (porque ahí esta estudiando así que tiene algo de razón en eso de que es muy bueno, porque si lo es.) le dijo a sus entrevistadores que su presentación estaba muy aburrida. Imaginense! Decirle a la persona que te va a contratar que es aburrida.
Seamos humildes y agradecidos de estar realizando un trabajo que además nos gusta. Para ser humildes yo sugiero dos cosas: pongan un cartel de alguien reconocido en el diseño de nuestro país: Alejandro Magallanes, Palleiro, Lopez Castro, etc. Y digan: Hasta que llegue ahí, antes no. Y la segunda. Cuando se encuentren en la calle alguien que les patea el hígado por egocéntrico recuerden que todos vamos a acabar tres metros bajo tierra (sé que el comentario es un tanto mórbido, pero nuevamente es filosofía zen). Todos sin excepción. Y la muerte puede ser nuestra más grande aliada.
Para terminar dos casos. Mi amigo Carlos asistió el año pasado a Tijuana para un evento de diseño. Tomó un taller con el diseñador de las cajas conmemorativas faros. Las que son preciosas y que algunos las han comprado aunque no hayan fumado nunca. El diseñador ha llegado a un nivel tan alto que se da el lujo de ir a presentar sus proyectos disfrazado de lo que quiera. De Apache o lo que se le ocurra. Eso es ego... pero también es divertido.
Y el último. Esto fue más cercano a mi. Conocí a un artista que tenía el ego más grande que yo había visto en mi vida. Se creía el artista más grande de México. Practicamente podías ver como volaba como papalote impulsado no por el viento sino por su ego. Llegó un dia una exposición. No vendió nada. Y el se dijo: pero como si soy el más grande pintor de México. Una segunda exposición al mes. No vendió ni los marcos y que conste que su pintura es muy buena. ¿Qué paso? No soportó el golpe a su ego. Bebió hasta morirse. El último mes de su vida se la pasó encerrado en un delirium tremens sin comer ni nada. Solo con el alcohol.
Dicen muchos que el ego es lo que no nos permite crecer como personas. Lean a Carlos Castaneda aunque sea acerquense a su obra pensando en ella como una interesante coleción de relatos geniales.

Saludos!

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